likeIcono La tormenta de nieve
unlikeIcono Que se acabe

Los veinte años de representación que arrastra Slava Polunin a sus espaldas y los más de cuatro millones de espectadores que lo han visto alrededor del mundo ayudan, sin duda, a promocionar su espectáculo y a llamar la atención de aquel que se acerca a una taquilla pero cuando Slava’s Snowshow comienza, uno olvida todas las cifras y recomendaciones porque lo que está por suceder tocará la parte más sensible de nosotros, dejaremos de razonar y las emociones nos inundarán.

El inocente que no vio en Youtube lo que se iba a encontrar, se sumerge en un sueño del que se resiste a despertar. El final del show deja al espectador con un corazón agrandado en el pecho, una liviandad propia de un niño, ganas locas de seguir jugando, de que aquel viaje a la fantasía no se termine nunca.

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Pero entre el comienzo y el final hay un hermoso recorrido que Slava va tejiendo, guiando a su público, cual encantador de serpientes, a pasar de la risa a las lágrimas y a las risas otra vez, como si estuviésemos montados en el carrito de una montaña rusa emocional.

En su show, el clown se sirve del lenguaje más tradicional del circo, de la ternura que provoca la frustración de no poder llevar a cabo tareas imposibles; de las burlas de las que es víctima gracias a las zancadillas de sus compañeros; de la soledad que inspira en medio del bullicio y de la alegría que provoca con gestos enormes bajo el maquillaje.

Con una normalidad absoluta el teatro entero se ve vestido de una gigantesca telaraña que las personas sentadas en sus asientos se encargan que hilar hacia sus vecinos de más atrás y las exclamaciones de sorpresa y alegría se transforman en duda y miradas alrededor como diciendo “¿Quién nos sacará de aquí abajo?”

Slava es el creador de este maravillloso show, que ademas dirige junto a Victor Kramer e interpreta, con un fabuloso crew que lo secunda. Ha diseñado la escenografía junto a Victor Plotnikov y, por si todo esto fuera poco, vestuario y sonido también corren a su cargo.

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El pistoletazo de salida del clímax de esta ilusión es la tormenta de nieve, que Carmina Burana parece traer de lo más remoto de otro mundo, detrás del escenario y en cuestión de segundos nos hace volar a todos, sonrisa dibujada en nuestras caras, las manos arriba como queriendo tocar la nieve, sentir que aquello es real. La nieve inunda el teatro, el viento despeina a todos los que pueblan la platea y cuando la tempestad empieza a calmarse, enormes balones de colores salen del escenario y se pasean entre las personas, que ya forman parte del espectáculo. El público es ahora el protagonista absoluto.

Slava Polunin entra entonces en escena, sin peluca, se sienta en una esquina del escenario a mirar a su público. Mira, contempla con media sonrisa de clown, sonrisa a medio camino entre la alegría y la melancolía. El brujo, el hechicero, el mago han logrado crear en nosotros este mundo infantil. Slava se queda hasta el final sentado allí admirando su obra como lo hace noche tras noche.

Función: 28 de septiembre del 2016. Teatros del Canal (Madrid)

Fotos: Andrea López

Ficha técnica

Autor, creador y dirección de la compañía: Slava Polunin
Dirección: Slava Polunin y Victor Kramer
Intérpretes: Artem Zhimo, Aelita West, Yury Musatov, Vanya Polunin, Chris lynam, Andrey Klimak, Dima Merashchi, Dmitry Khamzin
Escenografía: Slava Polunin y Victor Plotnikov
Vestuario: Slava Polunin
Sonido: Rastiam Dubinnikov y Slava Polunin

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