likeIcono Construir una historia palpable sobre el escenario
unlikeIcono Nada

La luz que emana de una jaula, rompiendo la oscuridad total, se mueve por la escena descubriendo los pies de quienes en pocos minutos nos habrán metido de cabeza y con gran expectativa en la historia de un hombre que amó a una mujer que amaba el flamenco y de un canario, con mirada profunda que un día fue libre.

“No me gusta el flamenco. Nunca me ha gustado el flamenco. Me pone triste. Su hondo quejido me arranca del sueño y una vez despierto no sé llevar al compás.” Así nos lo suelta al actor catalán Fernando Mansilla, sentado en un sillón, rodeado del humo de un cigarrillo y su profunda voz, enigmática y magnética provoca adicción y curiosidad entre los que poblamos las butacas.

Delgado, moviéndose con cautela, inmerso en sus propios recuerdos, con intensa mirada, como quien quiere hacernos revivir lo emotivo de su historia continúa: “Soy arrítmico. Sufro de una arritmia contagiosa. Mis amigos me regañan cuando intento seguir el ritmo con las palmas.”

Libertino es la armónica combinación de sus elementos diversos, en perfecta dosis, para mantenernos cautivos hasta el final. Porque queremos conocer que le pasó a este hombre, que siguiendo a una mujer obsesionada con aprender a bailar flamenco, secunda sus pasos hasta Andalucía para quedarse finalmente en soledad y reflexionar gracias a un pájaro – muy humano – sobre la libertad, las decisiones y el inmovilismo.

La idea de Libertino es la historia de amor del propio Mansilla. Dice Chloé Brûlé “…su voz nos permitía bailar las palabras de Fernando Mansilla.” Y así nació esta pieza que lleva tiempo recogiendo merecidos galardones, como el Premio Lorca del Teatro Andaluz 2016 al Mejor Espectáculo de Danza o ser finalistas en los Premios Max 2016.

El alterego de Mansilla es un canario que vive en un piso vecino y al que da vida Juan José Amador, con su cante. “Si le miras a los ojos, dice Mansilla, verás que le brilla algo salvaje en la mirada…el jodido pájaro da un poco de miedo. Tiene sentimiento de esclavo.” Pero un día la jaula abierta deja volar al canario y a Mansilla lo inunda la duda de saber si el pájaro volverá o decidirá ser libre para siempre, porque como el mismo nos recuerda “somos nuestro compás”.

Taconeo, giro, cante, rítmica poesía, iluminación y vestuario que construyen la atmósfera perfecta en cada momento, todo eso son los sesenta minutos que dura Libertino. Cada uno de los cuatro artistas tendrán una fracción de ese tiempo para brillar en solitario y todos encajarán como perfecto engranaje, que suma interés con cada elemento de la historia que se va descubriendo y se cierra con una demoledora metáfora, que nos queda rebotando en la cabeza mientras abandonamos la sala, tras haberlos cubierto de todos los aplausos  que pudimos.

“Te guste o no te guste o te vaya gustando, tú, no pierdas el compás”

Función: 1 de octubre del 2016. Teatro Conde Duque (Madrid). II Festival Internacional de Danza danza_MOS

Fotos: Luis Castilla

Ficha técnica

Dirección y coreografía y baile: Marco Vargas y Chloé Brûlé
Textos e interpretación: Fernando Mansilla
Cante: Juan Jose Amador
Composición musical: Gabriel Vargas
Vestuario: La aguja en el dedo

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.