likeIcono Lorena Justribó Manion e Ygal Tsur (Scène d’amour)
unlikeIcono Versión algo descafeinada del “Prelude à l’Après-midi d’un faune”

Sasha Waltz con su compañía, escogió para presentarse en el Teatro Real de Madrid un programa dividido en tres partes. Una hora y media de espectáculo con ciertos altibajos, sensación que también se respiraba en la sala. Aplausos algo desganados, salvo al terminar la segunda pieza, donde Lorena Justribó Manion e Ygal Tsur (Scène d’amour) si nos conquistaron.

La velada comenzó con “Prelude à l’Après-midi d’un faune” (Preludio a la siesta de un fauno), un nombre con mucho peso en la historia de la danza y que por esta razón quizás genera gran expectativa. Con música de Debussy, inspirada en un poema de Mallarmé y coreografiada por Nijinsky en 1912. A partir de allí revive en numerosas versiones y en infinidad de interpretaciones. Obra que marcó un antes y un después, escandalizó en parte al público de su tiempo y según algunos marcó el comienzo de la modernidad musical.

La versión de Waltz es una colorida propuesta en cuanto a vestuario y escenografía minimalista, ambos a cargo de Giom/Guillaume Bruère. Una bella propuesta en lo plástico del movimiento y el trabajo grupal, con estampas colectivas dignas de fotografiar pero que parece no terminar de arrancar.

La parte central del trípctico de Sasha Waltz fue la escena de amor de “Romeo y Julieta”, y sin duda alguna, la que levantó no solo el nivel sobre la escena sino la temperatura entre el público, que agradeció la interpretación de la española y el israelí con calurosos aplausos. Justibró y Tsur fueron dos románticos enamorados, ligeros pero seguros sobre el escenario; alegres y muy cómplices.

“Sacre”, la tercera parte del programa, no es una pieza sencilla de ver, ni la música del maestro Stravinsky es fácil de escuchar. Una vez más, es una obra con una larga y potente historia en la Historia de la Danza. Recapitulando: el compositor ruso Stravinsky escribió para la compañía de Diáguilev “La consagración de la primavera”, que Nijinsky posteriormente coreografió. Y una vez más, la obra causo sensación en el público de 1913, mezcla de fascinación y escándalo por lo vanguardista. Rituales de primavera y el sacrificio de una joven son los elementos centrales de la consagración.

“Sacre”, que se estrenó en 2013, es el resultado de un pedido hecho por el Teatro Mariinski a la coreógrafa berlinesa. La pieza, basada en “La consagración de la primavera” de Stravinsky, ahonda en los ritos y las dinámicas grupales. En palabras de la propia Waltz: “Me interesan desde hace tiempo los mitos arcaicos y los ritos que conjuran el poder y el gran orden de la naturaleza (…) Los ritos muestran la estructura cíclica de la naturaleza y abordan la relación de la humanidad con sus orígenes”

La coreografía de “Sacre” no resulta arriesgada, más bien repetitiva y algo aburrida y el desnudo integral de la joven sacrificada, innecesario, no suma dramatismo, por el contrario distrae. Se le dedica el momento álgido de la historia y, sin embargo, resulta contraproducente.

A nivel musical, el programa es un gran tríptico que la Orquesta Titular del Teatro Real, bajo la dirección de Titus Engel, ejecutan con pericia y virtuosismo para deleite de los espectadores.

Función: 10 de marzo del 2016 en el Teatro Real (Madrid)

Foto: Héctor Berlioz 

Ficha técnica

Dirección musical: Titus Engel
Coreografía: Sasha Waltz
Escenografía: Pia Maier Schriever, Sasha Waltz, Giom/Guillaume Bruère
Figurines: Bernd Skodzig, Giom/Guillaume Bruère
Iluminación: Martin Hauk, Thilo Reuther

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