likeIcono El monólogo de Rubio  
unlikeIcono La monotonía coreográfica hace que el espectáculo se haga largo

Ahora que no somos demasiado viejos todavía son cincuenta minutos de danza contemporánea que llevan la firma de Jesús Rubio y un monólogo que también interpreta y escribe el propio coreógrafo. Reflexionar sobre el paso del tiempo y las cosas que aún podemos hacer o cambiar son los reclamos de esta pieza.

Rubio en escena da vida a un hombre transitando un conflicto existencial, enajenado, preocupado, atormentado, que busca salir de una situación repetitiva. Con o sin intencionalidad, la monotonía coreográfica hace que nos embargue una sensación de pesadez y se espera una ruptura con esa linealidad que nunca llega hasta que la danza termina y la palabra comienza a ser la protagonista.

Es allí donde Rubio brilla. Cabe destacar la fuerza incisiva del monólogo, que retrata a una persona contemporánea con una cabeza en plena ebullición, cargada de preguntas y cuestionamientos. Un relato de este tiempo, con escenas y conflictos que son nuestro día a día, en la voz de un adulto aún joven, preocupado por su presente y futuro. El recitar constante, prácticamente sin pausas, transmite a la perfección la angustia, ansiedad, deseo, tedio, miedo y tantas e innumerables sensaciones que nacen de sus palabras.

Toda la cercanía y empatía que se genera fácilmente con las palabras, no alcanza a nivelar la desconexión que provoca la primera parte. La parte danzada es monótona y demasiado larga. En este caso menos no es más. La desnudez escenográfica, el vestuario minimalista y la iluminación con su atmósfera de tensión e intriga otorga tanto protagonismo a la coreografía que el peso es aún mayor y pasados diez minutos no hay sorpresa, no hay descubrimiento.

En el caso de Bolero, coreografiada también por Rubio e interpretada por Clara Pampyn y Alberto Alonso, el reclamo es, en palabras de la propia sinopsis: “…una pieza sobre la obstinación, sobre el límite entre lo ligero y lo grave, sobre el tránsito entre el placer y el agotamiento. También podría decirse que es un baile sobre el paso del tiempo. Y es, desde luego, algo parecido a la melodía del Bolero de Ravel y al amor: algo que, de tanto usarse, casi siempre acaba por romperse.”

Humildemente y sin intención de quitarle dificultad ni importancia al trabajo realizado por el coreógrafo y los intérpretes, la música de Ravel es un traje que a la pieza le queda grande. Ravel habla por sí solo, tiene tanta identidad propia, tanto peso histórico en la memoria colectiva de todos, que una coreografía que utilice esta música que remueve, que encanta, que embruja debe ser, al menos, tan impactante como para estar a la par.

Función: 8 de octubre de 2016. Conde Duque (Madrid)

Fotos: Gaby Maciel

Ficha técnica

Ahora que no somos demasiado viejos todavía
Danza y textos: Jesús Rubio Gamo
Música: Ryuichi Sakamoto
Diseño de iluminación: Carmen Martínez
Vestuario: Naldi Fernandes
Acompañamiento artístico: Marta Alonso y Elena Córdoba
Agradecimientos: Jorge Brea, Carlos Ugarriza, Eduardo Cárcamo, Tania Garrido, Álvaro Hurtado, Eva Guillamón, Minke Wang, Elena Martín, Clara Pampyn y Alberto Alonso
Produce: Jesús Rubio Gamo. Coproducen: Centro Cultural Conde Duque y DT Espacio Escénico.

Bolero
Coreografía: Jesús Rubio Gamo
Intérpretes: Clara Pampyn y Alberto Alonso
Música: Maurice Ravel
Diseño de iluminación: Carmen Martínez
Asistente de coreografía: Jorge Brea
Vestuario: Naldi Fernandes
Produce: Jesús Rubio Gamo. Coproduce: Centro Cultural Conde Duque, con el apoyo de: Estudio de Danza Carmen Senra

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