likeIcono La creatividad que exhala la pieza por todos los poros
unlikeIcono Escenario demasiado pequeño

Sharon Fridman lleva años de experiencia creativa, haciendo del contact la base de sus coreografías. El año pasado ya dejó su firma en Conde Duque con la pieza Caída Libre. El estilo es el mismo, equilibrios imposibles, bailarines que vuelan, desplazamientos en un suelo que parece no herir la corporalidad, personas sin huesos que se amoldan a todas las exigencias coreográficas. Su firma es sinónimo de movimiento que no cesa, de tensión en el espectador, de magia que se construye a fuerza de contener el aliento.

Otro común denominador del estilo Fridman, además del contact, es el cuidado con el que escoge la música. Ésta en sus piezas es un vehículo sobre el que nos transportamos a través de los movimientos dentro de la atmósfera de cada creación. Imposible quedarse indiferente y no sentirse envuelto por los sonidos de All waysCaída libre o Hasta dónde. En el caso de la recién estrenada All ways, una vez más, la música tiene un rol fundamental en la tensión que crea la pieza. Nos lleva de la angustia a la calma y nos devuelve al vértigo sin aviso.

Se intuyen barcos en el medio de la niebla y de la oscuridad, que flotan y giran lentamente. Vemos las luces que nos avisan que están allí. ¿Barcos? Eso me dice mi imaginación. Frente a All ways me rindo ante la tentación de describir las imágenes y las sensaciones que se apoderaron de mí durante cincuenta minutos, pegada a la butaca de Conde Duque.

All ways es nocturnidad permanente; una protagonista en el medio del escenario, niebla, poca visibilidad y desconcierto. Otras personas cruzan el espacio como espectros, velozmente, como un ataque que nunca se concreta. Miedo, angustia que se contagia de la  escena a las butacas. Espíritus que corren, poseídos, cruzándose en esos “ways” que se multiplican en todas las diagonales primero, y en círculo más tarde. No hay espacio que no sea recorrido por estos cuerpos que visten largos atuendos volando al son de la carrera.

El espacio entre esos moradores de la oscuridad se vuelve pequeño, se rozan, interactúan, luego se soportan y ayudan, se vuelven cómplices de las torres humanas que construyen, efímeras como la música, que cambia permanentemente.

All ways es una sucesión de pequeñas escenas, microcosmos únicos que se van sumando consecutivamente casi sin darnos cuenta. Un cantante con una guitarra en una esquina canta a un micrófono suspendido desde el techo, mientras los desnudos cuerpos caminan en círculo y elaboran un mandala dinámico, en una atmósfera de amanecer empañado por la niebla.

La música sostiene un bucle magnético y sensual en el que un pax de deux se trasforma en pax de quattre y más tarde todos los bailarines, una vez más juntos, levantan un lego hecho de cuerpos, sobre el que una bailarina camina y es lanzada por el aire como quien quiere ser pájaro, pero vuelve al suelo irremediablemente.

Un gran trabajo de equipo y colaboración permanente entre los componentes, con un planteamiento coreográfico que no apuntó a destacar las individualidades sino a alcanzar la perfección del trabajo grupal.

Función: 21 de octubre de 2016. Centro Cultural Conde Duque (Madrid)

Foto: Jesús Robisco

Ficha técnica

Dirección artística: Sharon Fridman
Coreografía: Sharon Fridman
Dramaturgia: Antonio Ramirez-Stabivo
Composición musical: Danski, Idan Shimoni
Intérpretes: Melania Olcina, Álvaro Frutos, Maite Larrañeta, Richard Mascherin, Lucia Montes, Juan Carlos Toledo, Beñat Urretabizkaia.

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