La navidad se adelanta en el Teatro Real con la nueva producción del Cascanueces de la Compañía Nacional de Danza (CND). Este ballet, que inunda los teatros y auditorios del mundo entero en estas fechas, ha sido el elegido por José Carlos Martínez como segunda obra completa de repertorio clásico, con la que cerrará su etapa de ocho años como director artístico de la compañía.

Nos encontramos ante un espectáculo que ha supuesto un nuevo reto para la CND, en el que se han optimizado al máximo los recursos humanos y económicos disponibles, logrando un fantástico resultado a todos los niveles. José Carlos Martínez nos plantea una versión personal del Cascanueces, en la que mantiene la esencia y el argumento original, pero añade un aire moderno tanto coreográficamente, como en el diseño del atrezzo y el vestuario.

La magia está muy presente en el primer acto a través del personaje de Drosselmeyer (Jesse Inglis), un papel que en esta ocasión no es meramente pantomímico, sino que tiene un gran peso danzado. En esta ocasión, el padrino de Clara es un ilusionista, que deja boquiabierto a grandes y pequeños con sus trucos de magia, para los que los bailarines de la compañía han estado formándose con Manu Vera, de la escuela de magia de Ana Tamariz.

Varias son las novedades que Martínez incorpora a este ballet, entre las que destaca la escena de la batalla entre los soldados y los ratones, en la que aparece la Reina Rata — en lugar del Rey de los ratones— liderando a su séquito de roedores, para los que Martínez ha ideado una coreografía en lenguaje contemporáneo, con la que saca el máximo partido a la versatilidad de sus bailarines.

Al igual que ya había hecho en Don Quijote, Martínez ha querido prestar especial atención a la danza española del segundo acto y para ello ha contado con la colaboración de Antonio Pérez Rodríguez, quien ha creado una danza bolera para tres parejas.

Las partes corales se ven correctas y sincronizadas, pese a la heterogeneidad del elenco de la CND, que cuenta en sus filas con intérpretes muy jóvenes y con perfiles polivalentes. Entre los bailarines destaca una jovial y liviana Giulia Paris, perfecta en el papel de Clara; acorde con su fantástico partenaire Yanier Gómez. Mención especial merece una dulce, a la vez que solvente a nivel técnico Cristina Casa, que hace alarde de su corrección técnica e interpretativa en el rol de Hada de Azúcar en el segundo acto.

En esta versión no veremos ninguno de los elementos característicos de las grandes producciones de este ballet, como el árbol de navidad que crece o la tramoya que transporta en trineo a Clara entre los dos reinos. En contraposición a todo esto, la CND en esta ocasión ha apostado por un decorado contemporáneo sencillo pero resultón, acuñado por Mónica Borromello. El diseño de este es modular, a base de paneles, ya que parte de los cambios entre escenas se hacen a la vista del público y están integrados como parte de la coreografía. Resulta muy llamativa y efectista toda la escena final del primer acto, en la que el decorado y los tutús de las bailarinas desprenden copos de nieve, creando una hermosa estampa blanca.

Para este Cascanueces Iñaki Cobos ha diseñado un vestuario muy colorido y elegante, inspirado en 1910; que sintoniza a la perfección con el resto de los elementos de la producción.

La Orquesta del Real, con Manuel Coves a la batuta, junto con el coro de pequeños cantores de la ORCAM, han sido los encargados de poner la música a todas las funciones de Madrid. Pese a que se hicieron notorias algunas pequeñas imprecisiones en el tempo —principalmente en el fragmento del Vals de las flores— siempre resulta un lujo poder disfrutar de un ballet acompañado por música en directo, una práctica poco habitual en nuestro país.

Para el montaje en Madrid la CND ha contado con varios niños de la Escuela de África Guzmán, que se han subido a las tablas del Real junto al elenco de la CND, cumpliendo su papel como invitados a la fiesta de Navidad a la perfección.

La CND convence al público del Real, colgando el cartel de “localidades agotadas” en todas las sus representaciones. Con esta producción Martínez inicia la recta final de un complicado periplo en la CND, en el que ha conseguido virar la línea de la compañía hacia un proyecto más completo, que cuenta con un elenco versátil y una programación que combina producciones clásicas y contemporáneas, sin descuidar la labor pedagógica.

likeIcono La dulzura de Giulia Paris y Cristina Casa, perfectas en sus papeles
unlikeIcono Algunas imprecisiones en el tempo musical

Función: 4 de noviembre de 2018. Teatro Real (Madrid)

Fotos: Carlos Quezada

Ficha artística
Coreógrafo y director de escena: José Carlos Martínez
Director musical: Manuel Corves
Escenógrafa: Mónica Boromello
Figurinista: Iñaki Cobos
Iluminadora: Olga García Sánchez
Coreógrafo danza española: Antonio Pérez Rodríguez
Directora coro: Ana González
Música: Piotr Ilich Chaikovski
Intérpretes: Bailarines de la CND, Orquesta Titular del Teatro Real, Pequeños Cantores de la ORCAM, alumnos de la Escuela África Guzmán
Bailarines principales: Giulia Paris (Clara), Yanier Gómez (Cascanueces), Jesse Inglis (Drosselmeyer), Cristina Casa (Hada de Azúcar) y Anthony Pina (Príncipe).

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