likeIcono La segunda parte del programa y el vestuario
unlikeIcono Errores subsanables del estreno

El Ballet Flamenco de Madrid, creado en 2001, se presenta estos días en el Teatro Nuevo Apolo con un programa doble. El exigente reclamo con el que se anuncian es el famosísimo Carmina Burana, bajo la dirección de Luciano Ruiz. La coreografía corre también a cargo de Ruiz e Iván Gallego.

La idea de fusionar el flamenco y la música del compositor alemán Carl Orff es, sin duda, una gran apuesta. Esa pieza musical, estrenada en 1937, se ha usado en diversas ocasiones para enmarcar diferentes espectáculos y esto da como resultado el éxito garantizado, a través de la empatía del público con unos sonidos tan familiares pero, al mismo tiempo, la exigencia subyacente por parte del mismo público que quiere ver una actuación a la altura de la partitura.

Butaca2 - Carmina Burana - Ballet Flamenco de Madrid 02

Esta vez Carmina Burana, contada a través del flamenco pero también a través de los demás estilos folclóricos de regiones de España, gusta pero no termina del enamorar. El baile, bello y de nivel, por un lado y la música, de indiscutible hermosura, por el otro, parecen dos rivales intentando acaparar la atención del público, más que dos amantes engarzados en armonía.

La historia que narra esta obra transcurre en una pequeña ciudad alemana en la década de los 30. La joven Elena es presionada por su madre para casarse con Peter, un hombre maduro, rico y mayor con el que ella va del rechazo al amor con el transcurso del tiempo.

Resulta inmediatamente reconocible el comienzo de Carmina Burana con el “Oh fortuna!” pero muchas veces se desconoce el contenido y origen de los textos. Un códice encontrado en 1803 donde se conservaba una colección de cantos medievales de los siglos XII y XIII, fue el culpable de que hoy podamos disfrutar de esta maravilla llegada del pasado. Orff eligió 23 de los 256 textos para crear su pieza de estructura sencilla y fácil de recordar.

Butaca2 - Carmina Burana - Ballet Flamenco de Madrid 01

La importancia de estos textos es la de ser la más vasta colección de versos laicos medievales en una época donde primaba lo religioso. Estos poemas critican y satirizan a todas la clases sociales y en especial a los poderosos — corona y clero. Algunos tristes, otros divertidos, estos textos escritos por juglares y monjes, llamaron la atención de Carl Orff en su búsqueda de la “fuerza más primitiva de la música” que podía apelar a cualquier ser humano y significó tanto en su carrera que ordenó destruir todos sus trabajos anteriores (orden que no se llevó a cabo). Los placeres terrenales y carnales, la naturaleza y la sátira de ciertos estamentos nos dan una visión distinta a la recogida en los textos eclesiásticos.

Es en la segunda parte del espectáculo, más ortodoxa, donde el BFM brilla y cuando la representación muestra más solidez. Al virtuosismo de los intérpretes se le suman cuatro músicos – flauta travesera, un cantaor, guitarra española y una caja — tocando en escena, elemento que agrega realismo y calidad a esta Fiesta Flamenca que contagia al público de magia y energía.

Una treintena de bailarines en escena, donde no podemos dejar de destacar a los solitas Noelia Casas, Vicky Duende, Francisco Guerrero e Iván Gallego, arropados por un excelente cuerpo de baile y caracterizados con un exquisito vestuario, donde colorido y diseño aumentan la belleza del conjunto. Escenografía e iluminación austeras pero correctas.

Función: 5 de julio del 2016. Teatro Nuevo Apolo (Madrid)

Ficha técnica

Dirección: Luciano Ruiz
Coreografía: Iván Gallego y Luciano Ruiz
Vestuario: Luciano Ruiz
Idea, adaptación y escenografía: Luciano Ruiz
Producción Ejecutiva: Ballet Flamenco de Madrid

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