likeIcono  La escenografía y “el péndulo de la muerte”.  
unlikeIcono   La canción final.

El mismísimo Lucifer, “la bestia 666” y su “miniyo 333” nos reciben en su templo del pecado, el Cabaret Maldito, en el que “los artistas venidos a menos”, vendieron su alma al diablo por una noche más de escenario, fama, riqueza, poder y lujuria, pero … a qué precio.

Suso Silva, director artístico del espectáculo, completa con el Cabaret Maldito la trilogía que se inició con el Circo de los Horrores y se continuó con el Manicomio. Este perverso Cabaret mantiene la esencia de terror y humor que tenían las anteriores entregas, aunque quizás en esta ocasión el ambiente esté un poco más subidito de tono y, de ahí que el show esté indicado para mayores de edad. De nuevo, Silva nos ofrece algo más que un simple espectáculo de circo, conjugando éste con el teatro, la música y la danza, a través de un hilo conductor de temática siniestra con tintes cómicos.

A nivel escénico todo está cuidado al detalle, destacando especialmente el enorme despliegue técnico, para lo que han contado con profesionales de primer nivel como Juanjo LLorens, en el diseño de luces o Miguel Brayda, en el diseño de atrezzo y vestuario. Todos estos elementos logran una perfecta ambientación tenebrosa, que nos traslada a una decrépita y oscura catedral gótica, transformada en un cabaret.

El elenco está formado por cerca de 40 artistas españoles e internacionales, con perfiles versátiles, entre los que vemos contorsionistas, patinadores, cantantes y bailarines. El espectáculo cuenta también con pasajes cómicos y ácidos, de la mano de personajes como Mamá Loba (Raquel Maldonado), La Perversa (Francisco José García) o Fausto (Raúl Massana), en los que los intérpretes interactúan con el público asistente, que participan del show sin vergüenza, ni complejos.

Dentro de los números del cabaret destaca el “péndulo de la muerte”, en el que los acróbatas William Alberto Torres y Aldo Nicolás Oporto caminan como si estuvieran en una enorme rueda para ratones, dejando al público con la boca abierta.

Emplean en todo momento músicas conocidas, como Summertime, Beautiful, Feeling good o el mismísimo Requiem de Mozart. La selección musical es acertada, exceptuando el tema final que rompe un poco con el nivel del resto del espectáculo.

En la casa de Lucifer “todo se vende” y “todo se compra”, “todo tiene un precio”. Estás dispuesto a pagar?.

Función: 27 de junio del 2015, a las 19h. Coliseum de A Coruña.

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Fotos: Fernando de Valenzuela

Ficha técnica

Idea original y dirección artística: Suso Silva.
Producción: Hasta que la muerte nos separe.
Productores ejecutivos: Manuel y Rafael González Villanueva (Productores de sonrisas).
Ayudante de dirección: Rob Tannion.
Coreografía: Lola González.
Diseño de luces: Juanjo Llorens.
Dirección musical: José Luis Chicote.
Escenografía y diseño de vestuario: Miguel Brayda.
Ayudante de vestuario: Nuria Manzano.
Diseño de máscaras: Álvaro Aguado.
Duración: 2h.
Público: +18

2 Comentarios

  1. La música era de escasa calidad, tanto en la parte artística como en la parte técnica. Faltaba un hilo conductor que permitiera conectar un número con otro y seguir una historia hilvanada. El guion recurre en exceso al chiste viejo y fácil (en ocasiones de mal gusto). La chabacanería por encima del erotismo. Faltan ingredientes porno por parte de los actores y sobra el bajarle los pantalones al público cada dos por tres. Se salvan los números acrobáticos.

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