likeIcono Coreografía y bailarines
unlikeIcono No poder disfrutar de Wagner con orquesta en vivo

Mancini miró a Wagner que un día miró a la historia de amor viva desde el medievo para escribir su ópera, tachada incluso de impracticable a la hora de subirla al escenario y que exige a los cantantes unas cuatro horas de representación, con un nivel de ejecución al que pocos llegan.


Wagner, a su vez, se miró en el espejo para crear su inmortal Tristán e Isolda, mientras vivía un amor prohibido con la poetisa Mathilde Wesendonck. Este combustible alimentaba su ópera, en la que una princesa irlandesa y un noble bretón quedarían “condenados” a amarse tras haber bebido una pócima de amor en lugar de un mortal veneno.


butaca2-dorothee-gilbert-y-mathieu-ganio-tristan-e-isolda-02Giorgio Mancini pone en movimientos la esencia misma del amor y Dorothée Gilbert y Mathieu Ganio provocan un tsunami emocional entre los espectadores, desde que se levanta el telón. Crece la emoción sin cesar hasta contener irremediablemente el aliento por momentos frente a tanta sensualidad, entrega y pasión.


La música nos sorprende con las luces aún encendidas, atenuándose despacio, invitándonos a entrar en la atmósfera íntima de la historia de amor de Tristán e Isolda, tan trágica como aquellas historias románticas de todos los tiempos.


Se abre el telón y el peine del escenario se eleva lentamente como si fuera parte de la coreografía, un elemento más que construye poco a poco el marco de esta pintura en movimiento. Isolda, de espaldas, ataviada con un liviano tutú largo, camina lentamente hacia atrás. Se acerca a nosotros y se aleja de algo más —¿del destino que la obliga a casarse con uno a quien no ama? Al girarse sus manos sostienen un cáliz, cuyo pie es una calavera — ¿la pócima de la muerte o la del amor? Odio y amor tejidos por obra y gracia de Brangane, ayudante de Isolda. Fino límite que se diluye, se transmuta y quien reclamaba la muerte del que la ofendió, ofrece su vida más tarde como irremediable sacrificio para juntarse con su amor en el más allá.


La pieza de Mancini, de infinita sensibilidad, se presenta casi como un diálogo entre los cuerpos de los amantes. Uno acciona y el otro reacciona, uno baila y el otro responde con idénticos pasos, espejo que refleja la sincronicidad del amor en el momento donde ser uno es más importante que el individuo mismo.


Como dos incisiones hechas con maestría de cirujano, el coreógrafo inserta dos piezas audiovisuales donde cada primer plano de la anatomía de los protagonistas, en un elegante e íntimo blanco y negro, acercan aún más al espectador a los escalofríos amorosos que brotan del contacto. Como si de un ojo indiscreto se tratara; un ojo que espía el amor por una cerradura, que busca un zoom lo más cerrado posible sobre quien es víctima de una pasión arrolladora. Miembros, torsos y caras se funden en una perfección etérea en cámara lenta.


Mancini conoce la tensión de cada paso, el valor, el peso y el significado y su coreografía, además de una cadena de aciertos que dura sesenta minutos, es una muestra de maestría, labrada por su experiencia coreográfica pero también por la impronta que le imprimió su propio paso por los escenarios, incluso a las órdenes del Maurice Bejárt. Un manejo exquisito de la fusión del lenguaje clásico con la ondulante flexibilidad moderna, obteniendo la alquimia neoclásica a medida de sus dos “etoiles” – Gilbert y Ganio.


Yiqing Yin, afamada diseñadora francesa de origen chino, pone la firma al vestuario, de un gusto sencillo, minimalista y sin edad, que se ajusta a la perfección a la historia y ejecución de los movimientos. James Bort es el encargado de transmitir la magia audiovisual en sendos exquisitos vídeos que pone aquí el acento en el amor y allí el acento en la tragedia. Con todos estos ingredientes se elabora la receta deliciosa de este dúo amoroso sobre el que no quisiéramos ver bajar el telón pero al que irremediablemente lapida una muerte trágica.

Función: 20 de diciembre de 2016. Sala Roja de los Teatros del Canal (Madrid)

Fotos: David Mudarra

Ficha técnica

Música: Richard Wagner
Coreógrafo: Giorgio Mancini
Asistente coreógrafo: Stefano Palmigiano
Bailarines: Dorothée Gilbert y Mathieu Ganio, estrellas de la Ópera Nacional de París
Vestuario: Yiqing Yin
Dirección y realización de video: James Bort
Iluminación: François Saint-Cyr
Decorado: Thierry Good
Dirección de producción: Patrick Lesage (Takaneo Prod’)
Fotógrafo: James Bort

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