likeIcono La equilibrada integración de danza, música y audiovisual
unlikeIcono El sonido de la sala es mejorable

En esta décimo tercera edición del Festival Territorio Danza la Sala Cuarta Pared dedica alrededor de tres semanas al arte del movimiento. Una de las propuestas presentadas fue la pieza N.A.N. de Asier Zabaleta, que aprueba con nota en casi todos los planos de la composición. La música de Sastre es un acierto; la escenografía de Pello Artola y los elementos audiovisuales elegidos refuerzan la historia y textos de Zabaleta, Lete e Irigaray. La labor del bailarín también está a la altura, con una gran interpretación de comienzo a fin.

Para contarnos esta historia nos sitúa en la oscuridad que rompe por una esquina un pianista. Éste, solitario habitante de la escena, reparte notas cuando tímidamente la iluminación deja al descubierto un trozo de mar en el centro. Olas que ondulan sobre el suelo; suelo que adquiere una profundidad sumamente real cuando el hombre, íntegramente vestido de blanco, se desplaza a cámara lenta en las profundidades.

Más tarde el mar se convierte en bandera blanca, ondulante ruego por la paz, mientras el
soldado se afana por ser buen estandarte de tan preciado tesoro. Enarbola ese pacífico símbolo con la boca abierta, gritando para ser escuchado allá donde la guerra se hace presente. N.A.N. es un hombre y es todos los hombres. Aquellos hombres de distintas edades, estratos y procedencias, con futuro o sin él, llamados a la guerra bajo un trozo de tela de algún color, para justificar las matanzas irracionales de cientos y miles de personas. Las banderas pasan y se suceden, los colores cambian sobre el mismo lienzo agitado por el aire de un gran ventilador, su voz recita los colores uno a uno “… rojo, verde marrón, negro…adiós a los que os habéis ido”. El piano, antes frío y lejano, se ha vuelto cálido y se integra en los movimientos como si de un solo elemento se tratara. “…un hijo de la desesperanza…huir, romper la cadena…” recita el bailarín.

Entretanto, su baile es la búsqueda de algo —¿la paz? ¿la lógica? ¿el entendimiento?— pero
también la huída del sinsentido y el empeño por arrancarse de sí mismo algo que lo ahoga.
Cubre su cuello con las manos —propias o ajenas— y se toca el pecho, el corazón, sofocado, secándose el sudor. Preso de su cuerpo, de su existencia y su destino, intenta quitarse esa piel que lo condena. La estrellada bandera europea se diluye en un rojo sangre que cubre el lienzo y el continúa recitando: “…el gran símbolo patrio… ¿es mi vida o es la tuya?… dejando la vida en ello…”. La tensión que crece también se apodera del espectador, quien ve a esa gran bandera convertirse en pantalla sobre la que un Zabaleta, que marcha como un soldado, comienza a multiplicarse hasta volverse ejército, clones con un triste final. “Amo a mi pueblo… el pueblo que me dio una identidad… odio a mi pueblo… arrogante… a este pueblo que me dio esta identidad partida…”. Un hombre dividido que busca respuestas a tantos interrogantes. Su fracasada búsqueda lo lleva a hundirse bajo tierra y el ejército a sus espaldas ahora es agua, furiosa catarata y más tarde río de sangre, sangre que siempre es del mismo color, cualquiera sea la bandera bajo la cual se derrame.

Función: 18 de noviembre del 2016. Sala Cuarta Pared (Madrid)

Foto facilitada por el equipo de prensa de la Sala Cuarta Pared

Ficha técnica

COMPAÑÍA: Ertza Dantza Teatro
DIRECCIÓN: Asier Zabaleta
INTÉRPRETES: Asier Zabaleta, Iñar Sastre
VÍDEO PROYECCIÓN: Iker Urteaga
MÚSICA ORIGINAL: Iñar Sastre
TEXTOS: Asier Zabaleta, Xabier Lete y J.A. Irigaray
DISEÑO DE LUCES: Oscar Grijalba
ESCENOGRAFÍA: Pello Artola

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