likeIcono La creatividad de María Pagés
unlikeIcono Un solo demasiado largo

El embrujo con el que los brazos eternos de María Pagés someten al espectador novel o con experiencia, siempre surte efecto. Y con cada ondulación que dibuja, cada quiebre de codo o cada giro de muñeca lo sumerge más y más en su universo, donde el lenguaje es el movimiento, que adereza con la palabra, la luz y la música.

“Una oda al tiempo” es una sucesión de doce piezas, una suma de los palos más tradicionales del flamenco – soleares, seguiriyas, tarantas, alegrías, tientos, tangos, guajiras… Una oportunidad para reflexionar sobre lo efímero, la eternidad y la implacable irreversibilidad del tiempo sobre el cuerpo, el deseo, el arte y la vida.

El tiempo dividido en estaciones. Un tiempo circular, que una vez recorrido el círculo de primavera, verano, otoño e invierno, renace, como la vida y nunca deja de abrirse paso. Sin abandonar la tradición, fuente de la que bebe, a su entender, el flamenco, roza los límites contemporáneos, cual guiño a la modernidad que contamina los ritmos y les da savia nueva. La coreógrafa se detiene en las emociones que atraviesa el tiempo. El tiempo de la alegría, la euforia y el deseo pero también la guerra y el miedo.

María se sube al escenario, en esta ocasión, acompañada de cuatro bailaoras – Eva Varela, Virginia Muñoz, Marta Gálvez, Julia Gimeno – y cuatro bailaores – José Barrios, Rafael Ramirez, Felipe Clivio, Juan Carlos Avecilla-, siete músicos y una cantaora – Ana Ramón – que se lleva un caluroso reconocimiento del público.

Si el espectador se sienta inocente a mirar de principio a fin “Una oda al tiempo”, le contagian sus ritmos, sus colores, la aparente facilidad con la que disfraza lo complejo y lleno de técnica, la pasión del intérprete y la alegría que contagia. Así, el espectador se va moviendo en la butaca, con ganas de saltar al escenario y sumarse a este fluir de energía que mueve cuerpos, vibra en las cuerdas vocales y hace sonar instrumentos musicales, todos presentes y todos transcurriendo en el tiempo, que es el elemento alrededor del que gira esta propuesta de María Pagés.

También puede uno sentarse, habiendo leído de donde viene y cómo construye la sevillana su última creación. Se apoya e inspira en Platón, Marguerite Yourcenar, Borges, Goya o Picasso.  La dramaturgia del espectáculo  lo firma El Arbi El Harti, que trabaja junto a Pagés desde 2011. En el apartado de la música encontramos a Rubén Levaniegos, Antonio Vivaldi, Georg Friedrich Händel, Sergio Menem, David Muñoz, Isaac Muñoz y aportaciones de música popular.

Entre toda la magia del espectáculo, se nos pegan a la memoria algunos detalles y se nos escapan otros muchos porque la memoria, lamentablemente, selecciona. Una iluminación, nocturna e íntima alberga elementos escenográficos como una gigante luna, que abre el espectáculo, suma metáforas, estética y significado. Luna que se mece como cantando una nana o se vuelve farola. Unos pies descalzos que zapatean sin zapatos, como quien pisa uvas para arrancarles vino. Unas castañuelas que parece mantener un diálogo burlón mientras María baila y las hace sonar. O unos fabulosos y brillantes mantones que se apoderan de la escena, repartiendo grandiosidad. Una oda al tiempo…tantas estampas!

Función: 12 de abril del 2018. Sala Roja de los Teatros del Canal (Madrid). Estreno.

Ficha artística

Dirección, coreografía, diseño de vestuario: María Pagés
Dramaturgia y letras: El Arbi El Harti
Bailarines: María Pagés, Eva Varela, Virginia Muñoz, Marta Gálvez, Julia Gimeno, José Barrios, Rafael Ramirez, Felipe Clivio, Juan Carlos Avecilla.
Cuéntame el tiempo (Letra inspirada en Oda a los números de Pablo Neruda)
Músicas: Rubén Levaniegos, Antonio Vivaldi, Georg Friedrich Händel, Sergio Menem, David Moñiz, Isaac Muñoz, música popular.
Producción: María Pagés Compañía

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.