La capacidad que poseen los bailarines para imitar los movimientos a primera vista resulta muy llamativa para las personas no vinculadas al mundo de la danza, que se sorprenden al ver la forma en que un joven estudiante de danza memoriza y reproduce milimétricamente y al momento una secuencia que acaba de ver por primera vez.

Este proceso está vinculado con las neuronas espejo, que son las responsables de que a partir de la simple observación se produzca el aprendizaje y éste tenga lugar aunque no se esté realizando ningún movimiento, permitiendo que un bailarín lesionado pueda continuar progresando en su técnica o memorizar una coreografía tan solo viéndola.

Por otro lado, la danza y el movimiento nos conecta con la gente. Según The Washington Post, “muchos científicos creen que asimilamos las acciones de otras personas en nuestro propio sistema somatosensorial, que transmite sensación a través del cerebro y el cuerpo y nos ayuda a sentir las emociones que percibimos en los demás como si fueran las nuestras”.

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