likeIcono Los intérpretes
unlikeIcono La pieza sube y baja en intensidad

Un año más Madrid en Danza programa 18 espectáculos, en diferentes espacios de la capital, que nos ponen los dientes largos. Esta edición comienza con “Habitat”, en la Sala Verde de Canal.

La noche lleva la firma de Daniel Doña, coreógrafo y bailarín granadino, creador de esta pieza, premio Ojo Crítico 2016 y finalista de los Premios Max 2017. Daniel no hace caso a los límites, los traspasa, provoca el colapso, la fusión, buscando una danza renovada y renovadora, nutrida con mestizaje.

En sus propias palabras: “Necesito construir mi propio Hábitat, el lugar donde dejar mis huellas, rastros, señales, vestigios. Crear un entorno que plantee nuevas formas de convivencia, un cruce de lenguajes entre diferentes expresiones artísticas que respondan a los criterios de diversidad, singularidad y pluralidad. Un paisaje donde proponer nuevas estructuras, poner en orden mi danza e investigar sobre los límites de mi discurso coreográfico”.

Con el público aún acomodándose en sus butacas, los artistas ya están en escena haciendo música con las manos, con el cuerpo, con la voz que entona un canto clásico de la India. Un taconeo invisible acompaña a un acordeón.

¿Estamos en Andalucía, en el subcontinente indio o en un tiempo presente que aglutina todas las experiencias pasadas, a modo de caleidoscopio en movimiento, que intentan tomar forma en la escena? ¿Un viaje (la vida) que en cada giro de timón nos hace morir un poco para resucitar renovados?

En el centro del escenario cuelga una gran vela que bien podría ser de una embarcación llegada de otros tiempos, gastada por el uso (de la vida) y por las idas y vueltas (de nuestra existencia).

Sobre la escena un par de sillas cual tablao, dos bailarines, un acordeonista y un cantaor que desde el suelo, acostado junto a un micro de pie, no dejan que bajemos la guardia de nuestra atención. Vestuario austero y atractivo. Los bailarines muestran su saber hacer: giros y saltos, carácter y estilo;  impecable interpretación, impoluta sincronización y comunicación entre los intérpretes.

El cante anuncia la llegada del flamenco que en un primer momento no llega. Movimientos tensos, temblorosos, mecánicos, robóticos,  repetitivos se contraponen a formas redondeados, sincronizadas, homogéneas. A veces seres mecánicos o alienados, llevando los movimientos al extremo de las posibilidades y otras animales que se estiran cerca del suelo, felinos, salvajes criaturas que se mueven con elegancia por el escenario. El flamenco se abre paso y seductor se contonea extremando las posiciones. El incipiente humo que se escapa por las cajas, construye una atmósfera algo inquietante. Las cuentas caen sobre el pandero como quien lanza dados a la suerte o cartas para leer el destino, mientras la entrada del acordeón transporta al espectador a un paisaje más galo que peninsular.

El espectáculo crece con las transiciones naturales de los ritmos flamencos al contemporáneo y viceversa. Percusión y palmas, crótalos y pandero. Un embrujo de mestizaje que nos embiste con movimientos enérgicos y poderosos.

Daniel Doña aprueba con nota en creatividad y su danza, sin lugar a dudas, es un revulsivo para los creadores que se hayan acomodado en formas estáticas y una inspiración para aquellos que se animen a soñar.

Función: 21 de noviembre. Sala verde de los Teatros del Canal. Madrid en Danza 2017.

Fotos: MarcosGPunto

Ficha artística

Idea original y coreografía: Daniel Doña
Dirección escénica: Jordi Vilaseca
Intérpretes: Cristian Martín, Alfredo Valero, David Vázquez y Daniel Doña
Diseño de iluminación: Olga García
Composición musical original: Héctor González, Alfredo Valero y David Vázquez
Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos

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