likeIcono Viengsay Valdés brilla en unos equilibrios en los que no respiramos
unlikeIcono Escenario algo pequeño para Don Quijote

Mientras preocupada apuraba la última foto de la sala antes de la función para subirla a las RRSS, el murmullo, la gente que se puso de pie y el aplauso unánime que rompió entre miradas de admiración y sonrisas me obligaron a girarme y a comprobar con mis propios ojos que una parte de la Historia de la Danza estaba entrando en la Sala Roja de los Teatros del Canal.

DON QUIJOTE_foto Jacques MoattiLa foto o el aplauso ¿qué debía hacer? Perdóneme el lector porque intenté hacer ambas y cuando comprobé el resultado nefasto de las fotos, debido al temblor de manos que me asaltó, me abandoné al aplauso, segura de que no tendría esta oportunidad dos veces.

Sonriente, vestida de negro de pies a cabeza, coqueta, con sus cejas finas y negras y sus manos delgadas y largas, se abría paso Alicia Alonso, una etoile, una maestra, una estrella del ballet de todos los tiempos, que humildemente iba a compartir con nosotros la primera función de Don Quijote que el Ballet Nacional de Cuba representa estos días en Madrid, después de habernos regalado el Lago y Carmen.

Había mucha expectativa entre el público y el resultado no defraudó. Un ballet de gente joven y con mucha garra. En todo momento nos transmiten el espíritu festivo y alegre de la obra, especialmente durante la fiesta en la plaza y en el campamento gitano. Del cuerpo del baile, aunque todos muy correctos, me quedo con la parte masculina. Los varones del equipo, y quizás porque Don Quijote permite en especial lucirse a los bailarines, ellos destacan en un escenario que se quedaba un poco pequeño para la generosidad de saltos con que cuenta esta puesta en escena.

Mención especial para el torero, Dani Hernández y Mercedes, Jessie Domínguez. Ambos logran la combinación perfecta de la pasión en la interpretación y la técnica depurada. Verlos bailar individualmente es puro placer y juntos un placer al cuadrado.

DON QUIJOTE_foto Jacques Moatti2

Kitri, Viengsay Valdés, se mete en el papel, nos transmite la picardía que el personaje requiere y nos seduce. De comienzo a fin va ganando, va apostando, se va relajando y en el tercer acto logra robarnos el corazón. Técnicamente también crece para ofrecernos momentos bellos, logrados a fuerza de trabajo técnico y se la ve disfrutar con nosotros de unos equilibrios que retan a la gravedad.

Basilio, Victor Estévez, es correcto pero no enamora. Su técnica es limpia pero le falta traspasar esa técnica y vivir en la piel del personaje. El mismo problema que encuentro en Juanita y Piquilla, amigas de Kitri, y una parte de la coreografía muy bonita de ser bailada, pero donde la exigencia técnica pone un corset a la interpretación.

La Reina de las Dríadas, Estheysis Menéndez y Amor, Maureen Gil, refuerzan la segunda escena del acto II, que no es la parte más llamativa de la obra pero que ambas realzan.

En conjunto, Don Quijote del Ballet Nacional de Cuba convence y en muchos momentos con nota. Ya estamos con ganas de que vuelva y todavía no se ha ido.

Función: 30 de septiembre del 2015. Teatros del Canal (Madrid)

Fotos: Jacques Moatti

Ficha técnica

Coreografía: Alicia Alonso (dirección artístico-coreográfica), Marta García y María Elena Llorente (sobre la original de Marius Petipa y la versión de Alexander Gorski).
Música: Ludwig Minkus.
Elenco
Kitri: Viengsay Valdés
Basilio: Víctor Estévez
Don Quijote: Leandro Pérez
Sancho Panza: Alejandro Silva
Dulcinea: Carolina García
Pueblo: cuerpo de baile
Lorenzo: Félix Rodríguez
Camacho: Ernesto Díaz
Espada, torero: Dani Hernández
Mercedes: Jessie Domínguez
Juanita y Piquilla, amigas de Kitri: Ely Regina y Glenda García
Toreros: Rafael Quenedit, Francois Llorente, Daniel Barba, Esnel Ramos, Adrián Masvidal y Manuel Verdecia

 

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