likeIcono La calidad técnica e interpretativa de Maria Abashova en el papel principal
unlikeIcono La primera parte de la obra

Se respira el ambiente navideño en las Ramblas de Barcelona. Nos encontramos con el Teatro Liceu al máximo de su aforo, lo habitual en una noche de estreno como hoy. No es para menos, tras el telón se encuentra una de las compañías de danza rusas más destacadas del siglo XXI, desde St Petersburgo llega a la ciudad condal el Eifman Ballet.

Anna Karenina, una de las obras literarias más famosas de Lev Tolstoi, representada en una obra de danza en dos actos, de la mano del coreógrafo Boris Eifman. La música en directo corre a cargo de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu dirigida por Conrad van Alphen. Se trata de diferentes piezas musicales extraídas de la amplia obra de Pyotr Ilyich Tchaikovsky.

El argumento del ballet narra la mítica y trágica historia de Anna Karenina, centrándose en el triángulo amoroso entre la protagonista (Anna), su esposo (Karenin) y su amante (Vronsky). Anna es una mujer de la alta sociedad rusa, casada con Karenin, con quien tiene un hijo pequeño (Serioyha). La protagonista se enamora enloquecidamente de Vronsky, este hecho la llevará a abandonar a su esposo y a su hijo, con las consecuencias que esto conlleva para una mujer en la alta sociedad rusa del siglo XIX. Esta historia  cargada de pasión y drama, culminará con el suicidio de la protagonista, que desesperada, termina arrojándose a las vías del tren.

El lenguaje coreográfico de Eifman tiene evidentes raíces clásicas. Los personajes femeninos bailan sobre zapatillas de punta, destacan las extensiones y los virtuosismos técnicos de toda la compañía. En el cuerpo de baile masculino se puede apreciar la influencia de las danzas tradicionales rusas. Podemos observarlo en algunos de los gestos de los bailarines y en las grandes flexiones de rodillas sucedidas de saltos.

A pesar de ser un ballet contemporáneo, se mantienen los roles asignados a los personajes femeninos y masculinos, realizando un trabajo corporal muy diferente entre mujeres y varones. El bailarín masculino realiza un trabajo exquisito de saltos, giros y movimientos que requieren elevada potencia muscular, mientras que la bailarina destaca por sus extensiones del tren inferior, la flexibilidad del torso y las acrobacias en los dúos.

A lo largo de la pieza predomina el trabajo de paso a dos, el paso a tres (triángulo amoroso), los dramáticos solos de los protagonistas y la fuerza y dinamismo de un numeroso cuerpo de baile.

El vestuario es acorde al ambiente aristócrata que envuelve toda la historia, vestidos largos para las bailarinas, colores, pedrería, chaqués para los personajes masculinos… En el segundo acto vemos como se sustituyen los vestidos largos de colores con pedrería por las mallas ceñidas al cuerpo color piel, destacando las líneas de los bailarines y acentuando cada virtuosismo. En esta segunda y última parte se despoja a la protagonista de todo lo material y pasa del cabello recogido a la larga melena suelta.

La escenografía es elegante, sin ornamentos innecesarios. El atrezzo es sencillo, incluyen objetos de manera puntual con los cuales interactúan y bailan en determinadas escenas (sillas, copas, la cama, un caballete, una maleta…). A lo largo de la obra el espacio escénico se mantiene limpio, esto permite mucho dinamismo en el cuerpo de baile, formado por aproximadamente una veintena de bailarines.

La iluminación mantiene un bonito diálogo con la música de Tchaikovsky y la escenografía,  contribuyendo a la creación de ambientes muy entrañables en algunas escenas. Cabe destacar la sublime imagen de Anna Karenina iluminada con el cenital mientras la nieve cae y el tren de juguete la rodea, es una imagen emotiva a la vez que predictora del futuro que depara a la protagonista.

También gracias a la escenografía e iluminación se realizan juegos en el tiempo y entre la realidad y lo onírico. En una de las escenas la protagonista se encuentra en la cama y en paralelo el bailarín se encuentra en el sofá, dos espacios que se fundirán en uno solo, culminando la escena con un pasional paso a dos.

El coreógrafo aborda el espacio con exquisitez, se suceden numerosos cruces del cuerpo de baile, movimientos en canon, en unísono, continuos cambios de direcciones y velocidades… Todo ello con una absoluta limpieza, especialmente a partir del segundo acto. No se puede decir lo mismo de la primera parte de la obra, en la cual se apreciaba que todavía faltaba limpiar las primeras escenas para lograr la uniformidad del cuerpo de baile. Cierto es que la obra afortunadamente fue in crescendo y esto quedó en un detalle sin relevancia.

Sin duda, lo mejor de esta velada dancística fue contemplar las extraordinarias características técnicas e interpretativas de la bailarina principal. Maria Abashova demostró estar a la altura de esta gran compañía y teatro, dejando atónitos a los espectadores. La bailarina combinaba acrobacias y elegancia, limpieza técnica e interpretación artística… Realizó un trabajo exquisito, sin obviar a sus compañeros Oleg Markov y Oleg Gabyshev, juntos conformaban un triángulo amoroso inigualable.

El público llenó de aplausos el Liceu, algunos incluso se levantaron de sus butacas para aclamar a la compañía, que saludó numerosas veces en esta noche de estreno.

Función: 20 de diciembre de 2017. Liceu de Barcelona

Ficha técnica

DIRECCIÓN ARTÍSTICA Y COREOGRAFÍA: Boris Eifman
MÚSICA: Piotr Ilich Tchaikovsky
ESCENOGRAFÍA: Zinovy Margolin
VESTUARIO: Vyacheslav Okunev
ILUMINACIÓN: Gleb Filshtinsky
ORQUESTA SINFÓNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU
DIRECCIÓN MUSICAL: Conrad van Alphen

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